jueves, 26 de junio de 2014

Psi-00011



Me duele la espalda de tanto esperar. Y me siento sucio. Parece que algo se tiene que desprender de mí, como la piel de un reptil muriendo en lugar de mudando. Un reptil que fue engañado para creer que era una cosa cuando en realidad pasaba por otra, nerviosamente, frente a los ojos de la justicia y los demás pecadores. Pero se siente muerto, y da vueltas y se encorva y siente dolor... mucho dolor. Pero no dice nada. Hasta que un día se cansa e intenta dejar de repetir su vida al revés. Ahora hacia delante, luego hacia atrás, entonces, ¿cuál es el delante y cuál el atrás? Entonces, ¿cómo sabés cuándo tienes que irte? Son esas cosas seguras, totalmente seguras... sólo porque no eres tú quien tiene que determinarlas. Sólo porque tú eres lo que se repite, con culpabilidad, como la caída de las cosas que se hacen pasar por pensamientos pero en realidad son genocidio. Quizás esté exagerando, piensas, pero se que ahora deseo volver a hablar de mí. Soy un egoista que trataron de hacer ser otro, una persona con mil rostros vista en televisión, puesta junto a la cama por las noches y los remedios de infancia bajo la almohada. Me quedaré a tu lado, dijo una sombra que despedía calor. Y la dualidad de pensar que este calor en realidad era frío y el congelamiento había llegado al punto en que parece calor, por el entumecimiento, por las lágrimas, por los pies cubiertos de barro... por mí arrastrandome hacia ti. Tengo que verme ahora frente al espejo. Nada me parece genial si yo no estoy allí. Mi cuerpo aplaude, manipulado por fuerzas que nadie conoce, pero ¿dónde estoy yo? Siento tanto dolor y encontrarme a mí mismo podría ser la solución, pero ¿dónde estoy yo? Me siento desvanecido, a punto del paroxismo, del vómito que ruegas se acabe antes de siquiera saber que se está acercando, amenazante a través de los recuerdos y sensaciones que alguna vez pediste que no se reflejaran en tus ojos cuando debes mirar a alguien que te importa. Ya no sé entonces dónde se esconden los pensamientos que no son míos y trato de evitar, haciendome una pelota de mierda y llorando porque huelo demasiado mal y no lo aguanto porque alguien dijo que el mal olor se sentía así, como un ardor en el centro del cerebelo, interrumpiendo la conexión sináptica que te debería convertir en un tipo con sonrisa de ángel iluminado. ¿Cuánto tiempo debemos estar suspendidos, cayendo de forma eterna pero pareciendo una ilusión por momentos? Una ilusión imaginada en la mente de los demás y reflejada en espejos que nos dicen que existimos porque otros nos dan atención y amor y sonrisas y pensamientos que tomamos como propios cuando nos gustan. Intenta no llorar ahora porque no reclamas las mismas lágrimas que ayer, no reclamas la misma atención y a nadie le interesa ya cómo es que el universo y todo el gran mecánismo funcionan. No lo vieron, ni nadie lo hará, porque la caída aún no termina y cuando lo haga y todos lo veamos en realidad ya no habrá nada que ver, porque todo lo que nos hacía valiosos será parte de una fuerza que dejamos de entender cuando nos desconectamos del cableado que nos unía a su sexo. No sé si he sido bendecido o maldecido. No sé quién soy y no sé si se niegan a decirmelo o yo me niego a recibirlo. Y en realidad están hablando y en realidad no estoy escuchando porque yo soy la bestia ignorante que se arrastra sobre sus propias secreciones lujuriosas, homicidas y parafilicas. Tengo que orinar. La canción seguirá sonando... volví. Creí que era un santo obstruido pero ahora desconozco el absolutismo de todo lo que consideraba incognoscible. Porque yo no soy nada de lo que consideraba real y verdadero, como una mancha de humedad en el techo que sólo aparece cuando debe hacerlo. Me dejé caer y cuando intenté salir estaba ciego como el abismo y la presión y los monstruos que buscan comerme cada día y tienen ese poder de hacerme creer que están afuera cuando en realidad yo los estoy proyectando desde adentro para hacerme sentir cómodo al reconocer algo que no me hará sentir asustado mañana. Porque es el temor por lo desconocido lo que nos hace odiar. El miedo a sufrir en esta existencia que en un suspiro cósmico permanecerá como nada en la memoria de una entidad que no somos capaces de percibir en su absoluta entereza pero que sospechamos, nos asiste mientras nosotros pervertimos la idea de su presencia. Porque entonces ves a un espejo y no sabés si Él está en tu interior o en realidad tú estás en alguna parte de su composición inconmensurablemente imposible de racionalizar. Y en realidad, lo único que buscas es poder salirte de la ecuación por un sólo segundo. No pensar y no sentir y no decir cosas que no son tuyas y que no quieres decir porque ni siquiera te interesa en verdad el resultado predecible que tendrán, tanto sobre la pantalla de la imagen que crees que los demás tienen de ti mismo y la retroalimentación que hace de ti este tipo de animal que intento separar de mi razonamiento. Pero no puedo, y vuelvo a entrar a la ecuación cuando creí que era capaz de verla y me siento frustrado y engañado pero en realidad soy yo mismo quien se levanta sonámbulo mientras me quedo dormido  y las puertas de mi percepción se cierran y camino con los brazos en alto y me dirigo a destruir los minúsculos avances que he hecho. Después vuelvo a la cama y sonrío, satisfecho vaya a saber por qué mierda, quizás porque cumplí con las leyes de la naturaleza de evolución e involución ante las cuales me siento exento cuando creo estar despierto porque mis sentidos así se lo afirman a una parte estúpida de mi cerebro que dice: "Hey, aquí los chicos me están diciendo que estás despierto. Oh, espera, esto debería ser dicho en una milésima de nanosegundo y estás aquí escuchandome de forma pausada y concentrada". Me levanto al otro día y todo está hecho mil pedazos y digo, oh, vamos, ¿qué carajo pasó? ¿quién hizo esto? Espera, ¿cómo hago para acordarme mañana de que todo esto alguna vez existió y no soy sólo yo en realidad aquí sentado inventando que existe una persona pensando en mí mientras me carcome todo esto y en realidad algo me hace creer que soy yo quien está realmente sentado escribiendolo y creyendome a mí mismo? Tuve un pensamiento sobre la antimateria de que está hecho su equivalente negativo y en realidad me gustaría formar parte suya de vez en cuando. Parte de la negativa pero sin tener culpas o pensamientos de que eso se encuentra radicalmente mal sólo por estar en el otro extremo de lo que supuestamente es correcto. Hacerlo sin parar, ya sabes, como cuando el mundo se pone automático y tú simplemente estás al medio, pensando en que has sido separado de algo que no conoces de forma consciente pero que sabes que necesitas para poder vivir como, se supone, se debería vivir. ¿Hemos sido forzados o nosotros lo hicimos y nos engañamos para pensar que la culpa no era nuestra y así sentir alivio al reclamar todo lo que consideramos que la existencia nos debe por derecho natural de simplemente haber nacido en su seno?

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