domingo, 22 de junio de 2014

Despierta, Gage



Tus ojos distinguen una luz cercana.
Elevas las manos para detener el proceso de tu ceguera.
Abres la boca y sientes calor.
Empiezas a caminar entre una multitud que no puedes distinguir visualmente.
Un ruido de interferencia, como dos aparatos de sonido puestos en la misma frecuencia a muy corta distancia uno del otro, invade tu razonamiento.
A lo lejos, pareciera ser música.
Bajas los brazos y piensas sobre la última vez.
Entonces ves a las personas en los balcones del antro, colgando desde los pisos superiores y moviéndose al ritmo de un show.
El lugar está repleto de cables, momificaciones y señales inalámbricas.
Muchas de las personas llevan colores fluorescentes sobre su cabello y sus cuerpos.
Luces que los estrangulan a toda velocidad.
Un proceso ha sido iniciado.
La mujer vestida completamente de negro que manipula un Korg sobre el escenario, comienza a cantar.
Con suavidad y destreza, intentas aterrizar en una zona descampada de tu conciencia momentánea.
Parpadeas.
Los ojos redondos y hechizantes de aquella delgada criatura femenina con su corte carré y su voz llenando de frecuencias geométricamente extrañas el aire que respirás por cada poro de tu cuerpo, no te permiten llevar a cabo la retirada.
Una fina y aguda luz roja de intensidad crítica te hiere la visión desde el costado derecho.
Vuelves a elevar los brazos para sentirte aún más indefenso casi sin querer hacerlo.
Un policía te está señalando, directo al rostro.
La mujer deja de cantar y comienza a bailar, con los ojos cerrados y la cabeza gacha.
El ritmo de la canción se ha tornado ecléctico e irrefrenable.
Todas las personas con luces brillantes encima siguen el mismo ritmo, los demás convierten sus ropajes llanamente negros en parte de la masa de oscuridad que rodea y conforma todo en derredor.
Corres para llegar hasta la cantante sobre el escenario.
Pones un pie en él e intentas balancearte a la superficie con la otra pierna, haciendo equilibrio con ambos brazos planeando hacia los lados.
Tu visión se tambalea sobre una fina cortina de humo que parece brotar desde el mismísimo aire.
Colocas tus manos sobre el teclado Korg de la mujer y continúas cantando.
La gente eleva sus brazos y aplaude.
Observas al público mientras tus dedos tocan solos y tu diafragma acarrea notas de un extremo al otro.
El policía del láser está señalando los ojos de la mujer delgada completamente vestida de negro y con corte carré entre la muchedumbre.
Un sonido de saturación casi imperceptible gobierna la frecuencia de tu organo auditivo, una señal parece haberte invadido sin permiso.
Ella se difumina hasta desaparecer entre la vastedad de espacios negros.

No hay comentarios:

Publicar un comentario