Cuando Walter se cruzó con
aquellos planos, afuera estaba haciendo un calor espantoso.
Había encontrado el diagrama muy
antiguo de una especie de túnel que corría a través de su casa.
-Creo que pasa por debajo-le dijo
a su mujer ese día, ambos desnudos mirando el techo desde la cama matrimonial.
-La otra noche desperté... y en
la televisión estaban mostrando un pasillo completamente lleno de
niebla-respondió ella.
-¿Qué crees que fuera?
-No lo sé, pero la luz del baño
estaba rota.
Walter apagó la televisión y
caminó hasta el baño.
En el pasillo, contempló una
figura extremadamente delgada que se deslizaba hacia la cocina.
Encorvó las cejas y se acercó
caminando despacio.
Una luz pasó por encima de su
cabeza a una velocidad casi imperceptible.
Él se agachó, asustado y
contempló el techo.
Nada.
Como alimentando a un gato
extraño, se agazapó lentamente y miró en el interior de la cocina.
Luz.
La luz del sol sobre sus ojos,
quemando sus ensoñaciones.
Abrió los ojos y los resfregó en
sus dedos.
Era de día y había dormido toda
la noche en el suelo del pasillo.
-¿Señor Ops?
La voz provenía desde el patio
trasero.
Walter comenzó a gatear hasta
llegar junto a la heladera.
-¿Está en casa, Sr. Ops?
Walter tragó saliva convertida en
pasta de toda la trasnoche.
-¡¿Quién es?!-gritó desde el
suelo.
-Soy yo, Sr. Ops: El cartero-dijo
una voz proveniente de la puerta principal.
-No tengo cartero, así que más le
vale largarse de mi puerta.
-Su mujer ha fallecido, Sr. Ops.
Walter se puso de pie y corrió
hasta la puerta.
La abrió y tomó de la camisa al
cartero.
-¿Beatriz?-masculló.
-Su mujer ha fallecido hace más
de cuatro años, ¿ha vuelto a soñar con ella otra vez?
Walter le soltó la camisa.
-Fuera de mi puerta, muchacho-dijo,
cerrándola junto a sus propios ojos.
Cayó al suelo y comenzó a llorar.
Cuando se cansó de hacerlo, se
sentó en la mesa al tiempo que corría añejos platos de comida, alguna vez
usados para tal propósito.
Desplegó los planos de aquel
túnel que había encontrado una vez en su sótano, al poco tiempo de mudarse a aquella
nueva casa con su mujer.
El túnel formaba dos L
invertidas, casi como una serpiente bajo el espesor de la niebla en su propia
mente.
Un ruido, alguna especie de
criatura correteando por el techo de su casa.
Un resplandor fugaz proveniente
de su habitación lo hizo caer y salir corriendo hasta allá.
Tropezó y rebotó sobre el
colchón.
En el aire había olor a Formol.
Humo.
La entera habitación estaba
cubierta de humo.
-¡WALTER!-gritó Beatriz, desde un
ático inexistente entre él y el techo de su casa.
Walter salió al pasillo y observó
las ventanas del living que daban a la calle.
La calle estaba repleta de
personas, muchas personas detenidas observando directamente a su casa.
Walter, boquiabierto y atónito,
comenzó a caminar hasta las ventanas.
La gente no estaba mirando a su
casa... todos aquellos ojos pertenecían a algo justo sobre el techo.
Walter salió corriendo a la
vereda.
Sobre el techo de su casa había
un túnel luminoso que provocaba una especie de corto circuito sobre el cableado
público.
-Dicen que el universo tiene
forma de L-dijo la pequeña anciana a su derecha, quien vivía frente a su
domicilio.
Walter la observó.
El túnel comenzó a emitir un
ruido como el de un estómago contorsionándose mientras hace su trabajo.
Walter volvió la vista.
Luz eterna le quitó el
conocimiento.
Cuando volvió en sí, estaba
ciego.
Al igual que las 25 personas
junto a él en la calle, observando aquel túnel luminoso y parpadeante con forma
de dos L invertidas sobre el techo de su casa.
-¿Señor Ops?
Se sobresaltó y notó que estaba
tendido sobre una especie de camilla.
Hacía frío y sus dedos
trastabillaron en direcciones diferentes al mismo tiempo.
-¿Puede escucharme, Sr. Ops?
-¿Qu... qui... quién... quién
habla?
-Soy científico en jefe de una
instalación que usted y el 90% del mundo consideran inexistente. Los efectos
colaterales que durante todo este tiempo estuvieron arrebatándole armonía a su
misógina existencia han cesado. Usted está ahora ciego debido al resplandor
provocado por un túnel espacio temporal forjado justo sobre el techo de su
residencia, mientras fuera usado por una entidad alienígena que se encuentra en
tratativas con nosotros por la adquisición de una parcela terrenal y utiliza
este método de transporte, el cual resultará extremadamente irracional para
alguien como usted.
Tres segundos de pausa y
contando.
-Usted... ¿va a matarme?-balbuceó
Walter.
-No será necesario. Por el
momento sólo bastará con que consuma una lata de esta riquísima gaseosa.
Walter tanteó el aire.
Recibió una lata ya abierta.
Bebió un trago larguísimo que le
estremeció toda la columna vertebral.
-Es la gaseosa más famosa y
representativa de toda su raza, la usamos desde hace muchísimo tiempo para
suprimir situaciones "desagradables" en la percepción colectiva de la
población. Dependiendo del usuario, una familia promedio consume al menos una
botella por semana, lo cual nos garantiza un trabajo más relajado y menos
estresado para con nuestros superiores.
-¿Disculpe?-balbuceó Walter,
pensando en su mujer esperándolo en casa con la comida ya servida.
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