viernes, 27 de febrero de 2015

Un gigante en tierra



Acá, todo es gris.

Nuestra forma y nuestro color son una extensión de ese gris, pesadísimo y lento, como una inmensa piedra en el cielo. Vivimos parados, esperando y contemplando los cuerpos que llegan desde arriba, en maneras de dificil descripción, como pensamientos que toman forma, y caen. Esperamos un mensaje, pienso, que nunca llega a su destino. Nos miramos unos a otros en la forma en que pretendemos desear ser mirados. Pero todos somos muy parecidos, no hay más que lo que se ve.

Y eso, es todo gris.

Después viene, cuando los rayos toman otras formas y figuras, un gigante. Es un gigante en tierra. Pisa con todas sus fuerzas, desde la lejanía total, mientras se acerca cada vez más... y más, hasta que en determinado momento, llega. Con sus pisadas, hace música. Y esa música es densa, como la piedra y como todo lo gris, como la tierra y el mundo mismo. Sólo se acaba cuando se aleja, dentro de su propio ruido, de pisadas y temblores, como piedras que caen del cielo y hacen dar vueltas absolutamente todo. Nos escondemos en cavernas cuando el gigante se acerca, pasa y se va. Lo vemos, desde los orificios en las formas de montaña y temblamos junto al mundo entero, junto al absoluto gris. Una sola vez alguien quedó afuera cuando el gigante pasó y, a ese alguien, no se lo volvió a ver nunca más.

Salimos, y había gris.

La tierra estaba seca y petrificada, y no había nada más que lo que era.

Y lo que era, era gris.

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